¿Por qué mis formaciones virtuales no están siendo efectivas?

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Si te dedicas a la formación ya sea porque eres facilitador, diseñador instruccional, consultor o responsable de algún área de capacitación en tu organización; seguramente te has enfrentado a grandes retos a tener que virtualizar los procesos formativos y, sé que a veces es desesperanzador que después de todos los esfuerzos, nos quede el sinsabor de percepciones como que: ”la formación no está siendo efectiva”, “la virtualidad brinda pocos espacios para la interacción y la socialización”, “la gente no se compromete de la misma manera”, “no se pueden generar los mismos resultados que en  la presencialidad”, “no se puede confiar en el resultado de las evaluaciones porque la gente se copia”… y un largo etcétera. 

Créeme que cuando escucho estos argumentos, empatizo contigo, pero ¡esta no es una carta de lamentos! Hoy he venido a ti para ayudarte a ver el panorama desde otra perspectiva. Si bien estos argumentos son válidos, son estandarizaciones prácticas de experiencias de formación virtual que seguramente intentan replicar frente a una pantalla un proceso  presencial, o que no toman en cuenta todas las variables y condiciones del diseño para entornos virtuales de aprendizaje y esto lleva inequívocamente a resultados no poco efectivos y allí empezarán las creencias limitantes frente al proceso.

Lo primero que debemos hacer es entender que la formación virtual y la presencial funcionan de maneras distintas y por lo tanto, se deben diseñar e implementar también de maneras distintas;  por ese motivo, quiero presentarte los  4 grandes errores de la formación virtual para que procures no cometerlos y así mejorar tus resultados:

  • Enfocarte solo en la teoría: el aprendizaje es un proceso dinámico que ocurre gracias a la interacción, discusión, creación y aplicación de diversas teorías, estrategias y métodos; por lo tanto, los procesos formativos que se enfocan exclusivamente en la teoría, sin dar espacios para que los aprendices puedan consolidar lo aprendido desde la reflexión, la práctica y la socialización, dificilmente generarán aprendizajes reales. Existen muchas herramientas y actividades que pueden hacerse en entornos no presenciales para estimular el trabajo colaborativo y la práctica; los aprendices tienen que ser sujetos activos de sus procesos de aprendizaje.
  • No usar herramientas digitales para dinamizar los espacios de formación: cuando nos conectamos a cualquier sesión de formación virtual tenemos una competencia grandísima por la atención de la audiencia, así que no solo debemos cuidar que el contenido que presentemos sea de alto valor (interesante y aplicable); también debemos entender que en la medida que involucremos a los aprendices, que generemos espacios participativos, dinámicos e interactivos, habrá mayor posibilidad de que se mantenga con nosotros.
  • No darle libertad y flexibilidad a los aprendices: uno de los mayores atributos de la virtualidad es la flexibilidad de tiempo y espacio para la formación; el hecho de que las  personas puedan avanzar a su ritmo, vuelvan a ver lo que necesitan reforzar, y administren el tiempo de la formación según sus posibilidades, le da un  poder grandísimo a la formación virtual dirigida a una audiencia que tiene poco tiempo y múltiples ocupaciones. Por esta razón, hacer de los espacios síncronos o las conexiones en vivo el centro del proceso formativo, o solicitar que las personas se conecten durante horas seguidas para completar programas en un aula virtual, atenta contra el proceso de aprendizaje. En la presencialidad se hacían jornadas de 4, 6, 8 horas seguidas o más, porque los temas logísticos dificultaban que fuera de otra manera, sin embargo, en la virtualidad estas jornadas intensivas no son efectivas, por el contrario, son agotadoras y disminuyen las posibilidades de aprendizaje real.
  • No variar los métodos, recursos y herramientas: la formación en entornos virtuales e híbridos ofrece la posibilidad de usar diversos recursos, estrategias, metodologías de un ecosistema de formación, lo cual permite dinamizar el proceso y “enganchar” mejor a la audiencia. Hacer una formación virtual o híbrida y centrar el proceso en puras lecturas de PDF, o clases en vivo, es desperdiciar un mundo de posibilidades.

Tenemos que cambiar el foco, centrarnos más en la experiencia que le ofrecemos a los aprendices, en los logros que desarrollarán al finalizar el proceso formativo y en diseñar actividades que favorezcan la práctica y la socialización.

Hay mucho camino por andar y ciertamente la virtualidad no responde todos los problemas y necesidades de formación, pero tenemos que empezar a entender en qué contextos sí es efectiva para aprovecharla al máximo y optimizar los encuentros síncronos o presenciales para crear verdaderos espacios de creación y colaboración que complementen el proceso.

Maria Alejandra Urdaneta
Consultora Asociada de Rincón Aguilar Consultores.

Si quieres saber más sobre estos temas, no te pierdas nuestro próximo Webinar: “Formaciones de Impacto para el 2022: tendencias, claves y recomendaciones” donde profundizaremos en qué debemos hacer y qué debemos dejar de hacer para potenciar nuestros procesos formativos virtuales e híbridos en este año.

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